Un auténtico Duque

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Publicado: 13 de julio de 2016 | Por: Carlos Manuel Ponce Sosa | Fotos:  Archivo familiar y autor

Arturo Duque de Estrada después del Triunfo de la Revolución Cubana, en la misma habitación donde se concretó el plan de acciones para el levantamiento armado del 30 de noviembre en Santiago de Cuba.

Junto al joven de 22 años Frank País García, Arturo Duque de Estrada Riera fue uno de los combatientes más destacados de la lucha clandestina en Santiago de Cuba, la que se agudizó después del Golpe de Estado que protagonizara Fulgencio Batista en marzo de 1952.

A la morada de «Chucho» (nombre de guerra de Arturo), en San Fermín 358, llegó el 27 de noviembre de 1956 un telegrama desde México con el mensaje: “Obra pedida agotada, Editorial Divulgación”. Era la clave indicadora de que tres días después arribaría a costas cubanas la expedición de 82 hombres, a bordo del yate Granma con Fidel Castro Ruz al mando.

Sin embargo,  la historia revolucionaria de Duque, no comenzó ni concluyó con el recibo del transcendental mensaje. Se inició desde sus días de estudiante y solo fue (truncada) por su desaparición física, ocurrida el 5 de noviembre de 1994.

Con el propósito de revelar otras facetas de la vida del incansable luchador, Orgullo de Santiago decidió acercarse a su primogénita, la arquitecta de profesión (hoy jubilada) Magali Rosalia Duque de Estrada Martínez, con el fin de conocer de primera mano algunos rasgos del Arturo en el ambiente familiar; aunque siempre será imposible soslayar en una conversación sobre Duque de Estrada, su trayectoria como hombre vinculado hasta la médula con la causa revolucionaria, antes y después del 59.

Cuando me preguntan cómo era mi padre, buscando una respuesta acertada respondo: era una persona extraordinaria, o éramos amigos.

Lo recuerdo siempre como un hombre muy preocupado por la disciplina, el respeto, las buenas acciones, la familia, la cultura… la Patria; así, pudiera seguir mencionando términos relacionados con una conducta marcada por principios éticos y morales, de honor a patriotas y mártires caídos en defensa de la dignidad y la libertad.

La arquitecta Magalis Duque de Estrada rememora todos los días el ejemplo imperecedero de su padre.

¿Cómo describirías al Duque de Estrada del hogar?

Fue una persona multifacética en su quehacer, para él el hogar y la familia eran sagrados. La visita y atención a sus padres era casi diaria… estar al tanto de sus situaciones era impostergable.

Lo mismo podíamos verlo en el techo cogiendo goteras, pintando o haciendo algún arreglo eléctrico, que lavando sus vasijas a la vez que decía sonriendo: — estoy cumpliendo con el código de familia—. 

… y cuando las cosas no marchaban bien.

Naturalmente, también hubo momentos de tensión. En las ocasiones que entraba en franca oposición con alguien, siendo obvio que él tenía la razón, con mucha paciencia y humildad cedía expresando: cuando te des cuenta o me necesites aquí estoy.

Tengo entendido que al graduarse como arquitecta a usted la ubicaron a trabajar bajo su tutela…

Eso fue a partir de 1980, en el Departamento de Museos y Monumentos, y le cuento que yo era una trabajadora más.

Era muy exigente con la calidad y el cumplimiento del trabajo, para el cual si era necesario no tenía días ni horas; eso sí, tenía consideración con todos, preocupado por las condiciones del personal; ante cualquier situación que presentaba algún trabajador allí estaba su preocupación y ayuda, y si no podía resolver la problemática por lo menos la encaminaba.

Arturo (al centro) junto a parte de su familia, frente a la casa donde Frank País y sus compañeros trazaron el plan del levantamiento del 30 de noviembre de 1956.

A su consideración, cuáles eran las motivaciones esenciales que le permitieron a Duque “tejer” tan hermosa obra al servicio de la Patria.

Una de sus motivaciones más fuertes era el recuerdo de los caídos en el proceso de lucha. Recuerdo como detalle significativo que en cada una de sus intervenciones públicas, en algún momento del discurso él hacía una  pausa y de manera enfática decía:  (…) por los que hoy no están (…).

¿La principal virtud?

La sinceridad.

Además, pienso que él también fue de esos hombres que llegaron al mundo para dar luz y que le sigan sus pasos.    

Fuentes: “Más allá del telegrama”. Orlando Guevara Núñez. 

“Duque de Estrada, combatiente inmortal”. Ángel Beltrán Calunga.