José Joaquín Castillo Duany: primer cubano que llegó al polo Norte

Body: 

Publicado: 31 de octubre de 2017 | Por: Nereyda Barceló Fundora | Foto: Carlos M. Ponce e Internet

General Joaquín Castillo Duany. Foto: Internet

José Joaquín Castillo Duany, nació en Santiago de Cuba, el 1ro. de mayo de 1858. Se graduó como médico cirujano en 1880 en la Universidad de Pennsylvania, Estados Unidos, y ese mismo año se presentó a una convocatoria de la Marina de Guerra Norteamericana que buscaba cubrir veinte plazas de médico. Más de cien profesionales respondieron al aviso e hicieron los exámenes correspondientes, pero el cubano estuvo entre los primeros seleccionados.

Castillo Duany no fue al Polo Norte porque fuera explorador, sino enrolado en la tripulación del vapor Rodgers, uno de cuatro buques que el Senado norteamericano financió para salir en búsqueda del barco Jeannette, propiedad de James Gordon Bennett, dueño del New York Herald que había zarpado con el objetivo de rescatar a la tripulación del buque sueco Vega, que en julio de 1878 había salido para bojear el Ártico.

El Rodgers partió de San Francisco, California, el 16 de junio de 1881. El cubano Castillo Duany formó parte de su tripulación ya que se había graduado el año anterior como médico cirujano en la universidad de Pennsylvania y era médico de la Marina de Guerra norteamericana.

Sin embargo, los tripulantes del Rodgers no encontraron indicio alguno del Jeannette. Tras rastrear el norte de Alaska pusieron rumbo oeste, a la Siberia. Cerca del delta del río Lena, una explosión accidental provocó el incendio de la embarcación, y sus 35 tripulantes quedaron a la deriva en el inhóspito territorio polar ruso. Allí supieron que los hombres que intentaban rescatar habían muerto, en su mayoría congelados.

La suerte no fue mejor para tripulantes del Rodgers, pues casi todos murieron víctimas del frío, el hambre y el escorbuto. El cubano Castillo Duany resistió todas las adversidades y tuvo ánimo suficiente para hacer una serie de apuntes que publicaría luego en su libro “Los hábitos y la higiene de los esquimales”. Con dos compañeros, atravesó la Siberia rusa, llegó a la península de Kamchatka, cruzó el estrecho de Bering y arribó al poblado de Sitka, en Alaska. Desde allí se trasladó a San Francisco, donde lo recibieron como a un héroe y lo colmaron de honores.

En 1883, vuelve a instalarse en Santiago de Cuba. Ejerce como médico y conspira contra España. Cuando, en julio de 1890, el general Antonio Maceo visita la ciudad, Castillo Duany organiza un banquete en su honor, al que asisten las más notables figuras del independentismo en la región.

Cuando en 1892 Martí funda en Estados Unidos el Partido Revolucionario Cubano, Castillo Duany viaja a Nueva York y recibe órdenes directas del Apóstol de la Independencia de Cuba. Será en su ciudad natal uno de los pilares de la guerra que se prepara y que estalla el 24 de febrero de 1895. El 1ro. de julio está ya Castillo Duany en el campo de batalla. Combate, por separado, bajo las órdenes de los hermanos Antonio y José Maceo.

Como delegado de la región oriental de la Isla asiste a la Asamblea Constituyente de Jimaguayú y el gobierno de la República en Armas lo designa subsecretario de Hacienda. Pero Castillo Duany está hecho para la acción. Renuncia al alto cargo y acompaña a Maceo en la invasión hacia Occidente. Ostenta ya el grado de general y es jefe de Sanidad del Ejército Libertador.

Por órdenes de Maceo debe salir al exterior. Lo hace por el puerto de La Habana, burlando la férrea vigilancia española. Por órdenes del General Antonio va a Santo Domingo contacta con políticos y militares que simpatizan con la independencia cubana y recaba su apoyo. Pasa después a Estados Unidos y en Nueva York se le designa subdelegado del Partido Revolucionario Cubano y asesor de su Departamento de Expediciones. Envía hombres y pertrechos bélicos a la Isla, con éxito, y no es extraño que venga él mismo a bordo de alguna de aquellas frágiles embarcaciones utilizadas para el trasiego de armas y combatientes.

«Navegó seguro Castillo Duany, desafiando esta vez no la inhóspita soledad de los mares del Norte, sino las fuertes corrientes del Golfo de México y un mar infestado de barcos de guerra españoles a la caza de expediciones mambisas», escribe su biógrafo González Barrios.

La organización de esas expediciones le cuesta persecución y cárcel en Estados Unidos. Pero le vale la admiración y el respeto de sus compatriotas.

Impresionada por su audacia e intrepidez, decía la revista Cuba y América: «Va y vuelve, impertérrito, tenaz, sin darse cuenta de que hace algo maravilloso. Como si fuera un sajón de raza, apenas sonríe; suele enrojecer por algún elogio vivo, y su modestia, que pasa de raya tal vez, le ha conquistado todas las simpatías y ya le ha ceñido el laurel de César en todos los corazones cubanos».

Impacta por su osadía cuando logra el desembarco de una expedición por la playa de Boca Ciega, a pocos kilómetros al este de la capital. Un viejo patriota, curado ya de espanto por los largos años de guerra y exilio, escribía al respecto: «Lo de Castillo fue una hombrada. Nadie había jamás pensado se metiera una expedición por la Vuelta Abajo y, después de entregada a Maceo, volver por otras, fracasar dos veces en aguas americanas... y al fin poner la segunda en la misma Habana a la luz de la farola del Morro y al alcance de los cañones de los castillos... Este Castillo Duany se ha convertido en una fortaleza».

El 25 de mayo de 1898 está otra vez en Cuba. Vino en el vapor Florida, que trae a unos trescientos combatientes. La Guerra de Independencia se acerca a su final. Estados Unidos ha declarado la guerra a España y decide intervenir en la contienda que libran cubanos y españoles.

Castillo Duany y su hermano, el general de división Demetrio, reciben órdenes de asegurar el desembarco del ejército interventor. A la vanguardia de sus tropas garantizan la invasión estadounidense por la playa de Daiquirí, el ataque al poblado de Siboney y la toma de la loma de San Juan.

” Pero..., escribe René González Barrios, los hermanos Castillo Duany fueron de los primeros decepcionados y de los primeros también en percibir la humillación a que los norteamericanos sometían al aguerrido y heroico Ejército Libertador.

“Una vez derrotada España, el General de División Demetrio Castillo Duany fue el único jefe cubano al que se le permitió entrar en la ya rendida plaza militar de Santiago de Cuba, el 17 de agosto de 1898. Lo hizo en compañía del general Shafter y el contraalmirante Sampson, jefes del ejército de ocupación”.

Terminada la guerra, José Joaquín asumió la dirección del Hospital Civil de Santiago de Cuba, su ciudad natal, donde radicó con su esposa Matilde Simoni, hermana de Amalia Simoni, la ilustre esposa del Mayor General Ignacio Agramonte.

Más de diez mil santiagueros lo eligieron como delegado a la Asamblea que redactaría la Constitución de 1901. No aceptó y prefirió el ejercicio de la cirugía. Pero estaba ya muy enfermo. Con la esperanza de restablecerse, viajó a París, escenario de sus días de infancia y juventud, donde falleció el 20 de noviembre de 1902.

En su honor se crea en Santiago de Cuba el 13 de enero de 1959 el Hospital Militar del territorio sur del Ejército Oriental que lleva con legítimo orgullo su nombre. El hospital fue remodelado y se inauguró el 7 de enero de 1963 por el comandante Raúl Castro.