Donde la Patria tiene su altar

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Publicado: 9 de noviembre de 2017 | Por: Leydis Tassé | Fotos: Carlos M. Ponce Sosa, Miguel Rubiera y Daniel Houdayer

Panorámica del área frontal patrimonial del cementerio Santa Ifigenia de Santiago de Cuba. Foto: Miguel Rubiera Jústiz.

El 10 de octubre de 2017 fue un día sin precedentes en la necrópolis santiaguera, pues en el área central patrimonial donde están el Mausoleo con los restos del Héroe Nacional José Martí y el monolito que guarda las cenizas del líder de la Revolución Fidel Castro, se colocaron los restos del Padre de la Patria, Carlos Manuel de Céspedes, y de la Madre de todos los cubanos, Mariana Grajales. Ese día será inolvidable no solo para quienes participaron en el titánico proyecto, sino para todo un pueblo

Tiene la ciudad de Santiago de Cuba muchos museos y sitios para acercarse a la historia y a sus protagonistas; cada espacio de la oriental urbe remite a un pasado glorioso y cubierto de sacrificios, y convoca a la reflexión sobre lo que hoy somos.

Pero hay un lugar cuyo silencio casi sepulcral complementa la perfecta comprensión de la historia: el cementerio Santa Ifigenia, fundado en 1868 y considerado un museo a cielo abierto, más que por sus majestuosos sepulcros de granito y mármol, por contener en gran parte de ellos las últimas moradas de hombres y mujeres dignos de la Patria.

El 10 de octubre de 2017 fue un día sin precedentes en la necrópolis santiaguera, pues al conmemorarse el aniversario 149 del inicio de la Guerra de Independencia, se unieron en fila de combate desde la inmortalidad, los forjadores de la nación cubana.

Omar López Rodríguez, director de la Oficina del Conservador de la Ciudad de Santiago de Cuba (a la derecha), dirige los trabajos de exhumación de los restos mortales del Padre de la Patria. Foto: Carlos M. Ponce.

En el área central patrimonial donde están el Mausoleo con los restos del Héroe Nacional José Martí desde 1951, y el monolito que guarda las cenizas del líder de la Revolución Fidel Castro desde 2016, se colocaron los restos del Padre de la Patria, Carlos Manuel de Céspedes, y de la Madre de todos los cubanos, Mariana Grajales, en las mismas tumbas en las que antes descansaban en el área interior del camposanto.

Con la presencia del general de ejército Raúl Castro Ruz, presidente de los consejos de Estado y de Ministros, en acto político y ceremonia militar, fueron aproximados, en diálogo perenne con la historia, cuatro grandes que desde épocas y orígenes diferentes iniciaron etapas decisivas en el devenir de la nación, con un mismo propósito: la independencia.

Referencias históricas necesarias

Según las crónicas del primer alcalde de la ciudad santiaguera Don Emilio Bacardí Moreau, Céspedes, tras caer en combate el 27 de febrero de 1874 en la finca San Lorenzo, en la Sierra Maestra, fue trasladado hacia esta urbe, a la cual llegó el 1° de marzo y fue enterrado en una fosa común en el cementerio Santa Ifigenia, donde secretamente se exhumó en 1879.

Después fue colocado en otra tumba, que durante varios años estuvo señalizada con una palma real y una bandera cubana. En 1910, por interés de Bacardí y de otro grupo importante de santiagueros, un escultor italiano construyó el elegante monumento que actualmente atesora los restos del Padre de la Patria.

De Mariana Grajales se conoce que falleció el 27 de noviembre de 1893 en Kingston, Jamaica, a los 78 años, y que fue enterrada allí, en el Cementerio Católico Romano de Saint Andrew.

Urna construida con madera de cedro que contenía los restos del Padre de la Patria Carlos Manuel de Céspedes. Foto: Carlos M. Ponce Sosa.

En abril de 1923, por gestión de José C. Palomino, concejal del Ayuntamiento santiaguero, los restos fueron trasladados a esta oriental ciudad, donde se le rindió guardia de honor en el Ayuntamiento, y luego inhumados en tumba familiar en la necrópolis de Santa Ifigenia.

Por tanto, el 10 de octubre de 2017 marcó el cuarto entierro de Céspedes, y el tercero de Mariana.

Nacimiento de una idea

“Al ubicarse el monolito con las cenizas de Fidel por delante del mausoleo a Martí, en el lado derecho, nos hizo pensar a muchos que allí estaban el iniciador de la Guerra de 1895, y a la vez Fidel, iniciador de la etapa de lucha revolucionaria del pueblo cubano a partir de 1953, dijo Omar López Rodríguez, director de la Oficina del Conservador de la ciudad de Santiago de Cuba.

“En el área interior del cementerio estaba el mausoleo de Céspedes, iniciador de la Guerra de 1868, pero la ceremonia de guardia de honor en tributo a Martí y Fidel era imposible hacerla para Céspedes por la ubicación de su tumba, y se consideró entonces oportuno pensar en un frente patriótico que contribuyera a entender la historia, comentó el también máster arquitecto.

“Así estarían el Padre de la Patria, el iniciador de la gesta independentista, y sus dos grandes continuadores, Martí y Fidel, lo cual confirma la idea que el Comandante en Jefe subrayó en varias ocasiones, que la Revolución cubana es una sola desde Céspedes hasta nuestros días”, señaló López Rodríguez.

Agregó que esta propuesta se planteó a la máxima dirección del país y cuando se analizó, se creyó oportuno que junto a ellos, a la vanguardia de esa gran legión de honor que atesora el cementerio, estuviera también la Madre de los Maceo, Mariana Grajales.

“Como idea, el proyecto se concibió desde los primeros meses de 2017, pero fue aprobado definitivamente en junio, y se trabajó intensamente para dejar todo listo en octubre”, apuntó.

Médicos legistas santiagueros examinan los restos del Padre de la Patria durante la exhumación. Foto: Carlos M. Ponce.

Un sueño comienza a materializarse

Con Omar López Rodríguez como coordinador general, y con la asesoría de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana (OHCH), dirigida por Eusebio Leal Spengler, el proyecto comenzó a ejecutarse a finales de junio, con un equipo multidisciplinario a su cargo.

Intervinieron, entre otros, un proyectista general, un proyectista urbano y de paisaje, un proyectista de arquitectura, eléctricos e hidráulicos, muchos de ellos de la Oficina del Conservador de la ciudad santiaguera; también participaron trabajadores de la Empresa de Proyectos 15, de Santiago de Cuba, que laboraron en el drenaje de la zona, y de la Empresa de Proyectos del Minfar.

La OHCH apoyó en la importación de recursos especiales que eran necesarios para ejecutar el proyecto: el mármol blanco de Carrara, de Italia, el mortero terciopelo, de Alemania, e instrumentos para poder hacer un trabajo cuidadoso.

Ejemplar del periódico El Liberal encontrado sobre el osario de plomo contentivo de los restos del Padre de la Patria. Foto: Carlos M. Ponce Sosa.

Como un reto extraordinario calificó López Rodríguez el desmontaje del monumento funerario de Céspedes, ya que se trataba de intervenir, sin dañar ninguno de sus componentes, una volumétrica estructura de mármol de estilo ecléctico, extremadamente elaborada, construida en 1910 y por tanto, con algunas decoraciones muy frágiles.

Hubo un proceso científico previo para actuar sin dañar nada, un levantamiento arquitectónico detallado del monumento, se escaneó completo para reproducir en 3D sus piezas, se usó un georradar para localizar los restos, recordó, al tiempo que subrayó que todo lo que se previó se cumplió, al punto de desmontar la estructura sin ninguna dificultad.

Se estima que más de 20 toneladas en piezas de mármol se desmontaron del mausoleo de Céspedes, lo cual ocupó alrededor de un mes, y en el caso de la tumba de Mariana dos días, pues es una tumba sencilla.

Los hallazgos

“El 30 de junio, cuando quitamos la tapa de la cripta donde descansaba Céspedes, encontramos una urna de cedro, y tenía incrustadas unas piezas de plata con su nombre, las fechas de nacimiento y muerte, así como los escudos de la República de Cuba y de Oriente, rememoró López Rodríguez.

Martha Hernández Cobas, especialista principal del equipo de trabajo de la Oficina del Conservador de la ciudad de Santiago de Cuba, encargada del cementerio patrimonial Santa Ifigenia. Foto: Miguel Rubiera Jústiz.

Martha Hernández Cobas, quien es en el cementerio la especialista principal del equipo de trabajo de la Oficina del Conservador de la ciudad de Santiago de Cuba, y una de las participantes directas del proyecto, significó la presencia de médicos legales, un notario público, varios especialistas y fotógrafos que recogieron ese momento histórico.

“Tras hallar el cofre de madera, nos abrazamos, estábamos muy emocionados, yo hice breve uso de la palabra, cantamos el Himno Nacional, y rendimos un minuto de silencio”, evocó.

Muy húmeda por el alto manto freático del cementerio, la urna fue llevada a un sitio especial del camposanto, donde comenzó otra labor sumamente minuciosa, “los restauradores la abrieron y se encontró un receptáculo de plomo soldado, encima del cual había dos periódicos: El Liberal y La Independencia, y en un costado, un acta que pensamos sea la copia del acta de exhumación de 1910, dijo.

“Debido al estado de deterioro de esos documentos, se decidió llevarlos a la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, que tiene un departamento de restauración de papel, donde se trabajará para ver hasta qué punto pueden ser salvados”, explicó Hernández Cobas.

“Cuando se destapó el envase de plomo soldado, enseguida afloró una bandera en la que estaban envueltos los restos; la bandera se veía muy calcinada, la estrella sí quedó intacta, pero casi rosada, seguramente por los efectos de la humedad sobre la parte roja de la enseña, aludió.

“Médicos legistas santiagueros separaron los huesos y tras ser secados, comenzó la labor de identificación, en la cual participó además el equipo del doctor Jorge González Pérez, que tuvo a su cargo el hallazgo de los restos del Guerrillero Heroico Ernesto Guevara de la Serna en 1997”, apuntó la experta.

Refirió que por las crónicas de Emilio Bacardí Moreau, se tenía información sobre cómo había llegado el cadáver a la ciudad de Santiago de Cuba, cómo había sido enterrado y exhumado en secreto, prácticamente en la oscuridad.

“También, y gracias a la labor de la especialista de la Oficina del Conservador de la ciudad, doctora en Ciencias Aida Morales Tejeda, quien investigó en los fondos del Archivo Histórico Provincial, teníamos el acta de exhumación de 1910, y efectivamente, lo que describía el documento, fue lo que encontramos en la urna”, resaltó.

Los huesos que estaban relacionados en el acta prácticamente todos estaban allí, hubo muy poca pérdida en 107 años, apuntó Omar López Rodríguez, quien al igual que Martha Hernández Cobas, aseguró jamás imaginarse que iba a presenciar un capítulo tan trascendental en la historia de Cuba.

Mariana fue exhumada el 7 de julio, y el proceso fue mucho más trabajoso, en ese caso no contábamos con un acta, y solo por escasos periódicos y revistas de la época conocíamos que descansaba en una tumba familiar, reconoció Hernández Cobas.

En esa tumba sí había mucha agua, que se sacó cuidadosamente y se esperó que bajara su nivel, hasta que se encontró un cintillo de mármol que decía: “Mariana, Madre de los Maceo”; al quitarse el cintillo y barrenar cuidadosamente la pared, se halló el nicho muy mojado, era de mármol, añadió.

“Igualmente, la urna fue llevada a un lugar preparado donde se abrió y se encontraron también los restos dentro de un osario de plomo, y muy mojados”, invocó.

“Percibimos entonces que era una mujer alta, fuerte, la dentadura estaba perfecta”, rememoró la historiadora santiaguera con un rostro que no ocultaba la emoción ante esa vivencia, a la vez que significó la esmerada labor de conservación de los restos de la Madre y del Padre de la Patria, cuya exhumación en 2017 ha quedado debidamente registrada en acta notarial.

El nuevo emplazamiento

Paralelamente al desmontaje del monumento funerario de Céspedes y de la tumba de Mariana, otro equipo trabajaba en el nuevo emplazamiento.

Puede decirse que más de un sitio de Cuba dio su granito de arena para este empeño: del municipio especial Isla de la Juventud fue traído el mármol gris de los pasillos que conducen al visitante hacia las tumbas, de Indio Hatuey, Matanzas, vinieron el césped y los árboles maderables que, en representación de cubanía, embellecen el área verde que abraza el área patrimonial central.

Al respecto, Omar López Rodríguez destacó también el simbolismo de las palmas reales presentes en la zona.

“Una funcional disposición arquitectónica, en la que destaca un basamento y una estructura de mármol de Carrara que viabiliza el acercamiento a las tumbas para depositar flores, caracteriza también el nuevo emplazamiento, así como pasillos de mortero terciopelo por los que transita la guardia de honor permanente”, detalló.

Al igual que al Apóstol y al líder de la Revolución, y al compás de la Elegía a José Martí, compuesta por el Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque, ahora a Céspedes y a Mariana se les rinde tributo con una guardia de honor desde que sale el sol hasta su ocaso.

López Rodríguez expuso que la nueva ubicación de los sepulcros de ambas figuras implicaba dar una nueva visión del lugar, y en el caso de Céspedes el monumento se elevó unos centímetros del nivel de terreno, y se hizo un plano inclinado, donde se colocó en letras de bronce el título de Padre de la Patria.

La tumba de Mariana está acompañada por un monumento del artista santiaguero Alberto Lescay Merencio, que centra la atención del sendero que conduce a la tumba de la Madre de la Patria, un título que igualmente en letras de bronce, queda consignado en la base de la escultura.

Mariana convertida en ceiba, o viceversa

El escultor Alberto Lescay Merencio, autor de la obra: “Mariana Grajales, Madre ceiba, Madre de la Patria”. Foto: Daniel Houdayer.

Cuenta el prolífico pintor y escultor Alberto Lescay Merencio que desde pequeño asociaba a su abuela con Mariana Grajales.

Nieto de Jaime Merencio, un soldado mambí de la Guerra de 1895, el Alberto Lescay niño disfrutaba las anécdotas de su abuela sobre las vivencias en la manigua.

“Esas historias eran muy lindas, y luego con el acercamiento a la historia hice una asociación natural, propia de un infante, entre mi abuela y Mariana, comencé entonces a ser muy maceísta, ferviente admirador de esa gran mujer y de su prole”, glosó el artista.

No asombra entonces la presencia en su obra de esa gran mujer, cuya imagen se encumbra nuevamente con el monumento “Mariana Grajales, Madre ceiba, Madre de la patria”, que desde octubre de 2017 custodia la tumba de la insigne mujer en el área patrimonial central del cementerio Santa Ifigenia.

Hace unos cinco años, cuando se le encargó trabajar para el Memorial Mariana Grajales, que será ubicado cerca de la Plaza de la Revolución Antonio Maceo, nació la idea de representar a Mariana no a partir de un retrato formal, sino incorporando la ceiba como elemento simbólico y expresión de las raíces africanas que definieron su entrega a la causa independentista y abolicionista.

“Que se me haya solicitado la concepción de un monumento para acompañar la tumba de Mariana en el cementerio desde este 10 de octubre, constituyó un honor inmenso, y un empeño que asumí con un sentimiento muy especial y un placer extraordinario”, admitió.

La pieza, de 4.60 metros de altura, primero fue modelada en arcilla, luego vaciada en yeso y finalmente fundida en bronce a partir de casquillos de proyectiles de artillería de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, lo cual entraña un gran simbolismo.

El monumento está ubicado en medio de un redondel con rosas de varios colores que fueron sembradas con tierra traída de la finca Majaguabo, en el municipio santiaguero de San Luis, lugar de residencia de la familia Maceo-Grajales, mientras que el pavimento fue hecho con piedras de Palmarito de Cauto, lugar de andanza de Antonio Maceo y sus hermanos.

En tan solo unos 90 días Lescay ejecutó su obra. Recalcó que esto fue posible porque desde mucho antes tenía definido el concepto de la pieza, al tiempo que subrayó como decisiva la disponibilidad de talleres adecuadamente entrenados y equipados, así como de un capital humano preparado y de la Fundación Caguayo para las Artes Monumentales y Aplicadas, institución que él preside y que respalda todas esas condiciones.

Asimismo, recordó que, por coincidencias de la historia, esas capacidades organizativas posibilitaron la creación, hace más de 20 años, del conjunto monumental de la Plaza de la Revolución Antonio Maceo, del cual fue su principal artífice.

“La obra de Mariana en la necrópolis fue todo un reto, sobre todo por el valor de las otras presentes en el entorno en el que está ubicada; el monumento a Céspedes, por ejemplo, es majestuoso, muy bien logrado, pero el de Mariana debía ser diferente. Lo hermoso es que llegaron a la misma conclusión, incluso cuando tenían culturas tan distintas, reflexionó Lescay Merencio.

“Ya la obra no es mía, ahora es de las personas que se acerquen a ella, manifestó con una sonrisa esbozada en sus labios y una mirada evocativa, el también creador de piezas memorables para Cuba y el mundo como el Monumento al Cimarrón, en el santiaguero poblado de El Cobre, y la pieza escultórica Vuelo Lam, en La Habana.

Tumbas dignas en sitios dignos

“Para ser ubicados donde están hoy, los restos se colocaron en receptáculos de acero níquel soldado, que están contenidos en urnas de cedro, y en el caso de Céspedes, con las mismas piezas de plata que se encontraron en la exhumación de junio de 2017”, reseñó Martha Hernández Cobas.

Hoy no entra agua en los sepulcros del Padre y de la Madre de la Patria, sus restos están bien resguardados, y ha quedado debidamente registrado para las futuras generaciones todo lo que se hizo en 2017 y antes, aseguró la historiadora.

“Llevo más de 20 años laborando en el cementerio y nunca imaginé que iba a tener el honor de vivir un momento como este”, manifestó.

“Desde pequeños oímos en la escuela que Céspedes es el Padre de la Patria, y asociamos ese nombramiento con su emblemática frase al proponérsele el abandono de la lucha a cambio de su hijo Oscar, en manos de los españoles; pero es indescriptible la emoción al estar ante sus restos y participar en el empeño por depositarlos en un sitio de permanente tributo, declaró.

“Si bien la necrópolis tiene el encanto de recoger en cada uno de sus patios los sepulcros de grandes nombres de la historia de Cuba, era merecida la ubicación de Céspedes y de Mariana en el área patrimonial central, en esa primera línea, junto a Martí y Fidel”, refirió Hernández Cobas.

Por su parte, Omar López añadió que fueron cuatro meses de intenso trabajo, y el propósito era hacerlo en el menor tiempo posible sin perder la calidad. Confesó, además, que para él constituyó una enorme responsabilidad, que hoy se mezcla con honor y orgullo. “Cuando uno enfrenta un lugar como Santa Ifigenia, que ya no es un cementerio general, sino patrimonial, uno llega con sentido amplio del deber y siempre pensando qué otra cosa hacer para afianzar su condición de altar de la Patria”, concluyó.

Tiene la ciudad de Santiago muchos museos, pero la necrópolis de Santa Ifigenia es uno especial, a cielo abierto y que esta periodista no llamaría, como dicen algunos, ciudad de muertos, porque no se han ido de este mundo quienes están en los corazones de tantos hombres y mujeres.

Transcurrirán muchos años y todavía se hablará en Santiago de Cuba del 10 de octubre de 2017; correrá implacable el tiempo y Omar López Rodríguez, Martha Hernández Cobas y todos los que participaron en el titánico proyecto, no olvidarán los momentos en los que estuvieron ante lo que la muerte dejó de la imagen de un hombre y de una mujer admirables.

Es que ante los ojos de ellos, no estaban unos restos encontrados en gélidos sepulcros, estaba la madre que convocó a sus críos a la contienda libertaria, y el padre que, incluso conociendo que su hijo estaba condenado a muerte por sus enemigos, se declaró progenitor de todos los cubanos que luchaban por la independencia de la Patria.

Tal vez algún museo de la ciudad santiaguera, o de cualquier otro lugar de la geografía cubana, atesore en un futuro algunos de los objetos encontrados en la urna con los restos de Céspedes, quizás esa estrella que intacta, abrazó durante más de un siglo sus huesos.

Pienso ahora en la alegoría martiana de la estrella que ilumina y mata; fue esa probablemente la que durante más de un siglo, e incólume, acompañó al Padre de la Patria en su sueño perpetuo; es seguro la estrella que desde el 10 de octubre de 2017 se asoma en el cementerio Santa Ifigenia para iluminar –ya completo con Martí, Fidel, Céspedes y Mariana–, el altar de la Patria.