Paisaje Cultural Asociativo de El Cobre

Body: 

Publicado: 12 de enero de 2018 | Por: MSc. Zoe Sosa Borjas | Foto: Archivo OCC

A unas cuatro leguas de la villa de Santiago de Cuba, fundada en 1515 por el adelantado Diego Velázquez, se localiza el cerro del Cardenillo, el cual mucho antes de la llegada de los españoles ya estaba habitado por los aborígenes, quienes en su sistema religioso le atribuían a este accidente geográfico un valor trascendente. Fue reconocido en 1529 por los conquistadores, los cuales localizaron en la zona una importante mina de cobre e informaron al rey.

En el valle cercano regado por un arroyo comenzó a desarrollarse un poblado donde se asentaron unos pocos europeos, indios y negros africanos, este rico entramado social permitió el advenimiento de una cultura mestiza, de criollos. En estos primeros momentos africanos e indios intervinieron juntos en las labores de extracción del cobre.

No sería hasta el 8 de enero de 1599 que el capitán de artillería Francisco Sánchez de Moya, entonces administrador de las minas, por instrucciones de la corona comenzó los trabajos para facilitar la organización de la empresa cuprífera con la erección de una cruz y el bautizo con el nombre de Santiago del Prado y Real de Minas de Cobre al núcleo urbano. Un año después construyó una ermita de guano y fundió una campana para “llamar al cumplimiento y los deberes religiosos, tal y como lo exigía el monarca, principalmente para los negros”.

La empresa de Santiago del Prado comenzó a progresar, así como la vida rural en sus alrededores. Desde entonces la existencia de las minas de cobre, representará, con sus altas y bajas, la principal fuente de recursos en la economía del pueblo y las más importantes de este mineral casi hasta el siglo XX en la isla.

El valle intramontano de El Cobre es un sitio vinculado a un paisaje cultural asociativo, declarado Monumento Nacional el 24 de febrero de 2012, donde contrasta la superficie ondulada del valle coronada con la Basílica de la Virgen de la Caridad de El Cobre en la cima de una colina, punto de peregrinación y espiritualidad de todo el pueblo de Cuba; así como las terrazas de las primeras minas de cobre a cielo abierto explotadas en América Latina y el lago de aguas de color azul intenso producto de la acción de los iones del mineral de cobre.

La escultura dedicada a El Cimarrón nos muestra que esta fue la primera zona donde los negros esclavos se sublevaron contra sus amos, se establecieron en las montañas aledañas y que hoy día constituye uno de los puntos de la Ruta del Esclavo y el pueblo en sí; con su colorido característico y pequeña plaza central donde se mezclan diferentes estilos arquitectónicos, bordeado por el río Cobre, cuyas márgenes es un punto de encuentro y comunicación de los pobladores del asentamiento.