Sindo, el genio de la trova

Image: 
sindo garay
Body: 

Es difícil saber cómo se forja el genio: si llega de cuna o si va creciendo, día a día, a fuerza de experiencias, desde una semilla primigenia. ¿Cómo explicar que alguien, con apenas conocimientos musicales, se convierta en el más alto exponente de la trova tradicional cubana? ¿Cómo entender que en sus canciones afloren intuitivamente complejidades armónicas y melódicas, con la misma naturalidad con que de una planta nacen flores?

Antonio Gumersindo Garay García, el gran Sindo, el hombre nacido en Santiago de Cuba hace 146 años, el 12 de abril de 1867, fue sin dudas un genio. Pero no un genio de laboratorio, de reposo y concentración, sino un genio de mundo, de serenata trasnochada y peripecia de saltimbanqui. Resulta retador imaginar cómo nacía su inspiración, dónde hallaba la chispa que seguía al vuelo con las cuerdas de su guitarra.

Sindo levaba el talento al descubierto. Solo así pudo asombrar a Pepe Sánchez, precursor de la trova y el bolero cubanos, tocando de oído cuando apenas era un niño. Pepe se convertiría entonces en su maestro, y luego en su compañero de dúo, un formato que retomaría Sindo más adelante con sus hijos Hatuey y Guarionex.

Trovador ambulante, maromero, correo mambí, bohemio empedernido, Sindo Garay fue tantas cosas que toda su vida es una leyenda. Su prolongada existencia, vivió 101 años, fue de jolgorio, de movimiento, de presentaciones lo mismo en teatros parisinos que en circos de mala muerte, en bares y cafés habaneros que en bateyes de toda la isla.

Santiago de Cuba no solo fue su cuna, también su inspiración, lo mismo que fue Bayamo, la ciudad donde reposan hoy sus restos. Pero su amor por el oriente cubano no lo detuvo. Vivió en la Habana y en Santo Domingo, viajó por varios países de América, y siempre halló una razón para seguir adelante, para no anclarse definitivamente. Su única ancla era la música, y esa iba con él a todas partes.

Sindo Garay fue un compositor incansable. Creó más de 600 obras, muchas de las cuales se consideran clásicos no solo de la trova sino de toda la música cubana. Perla Marina, La tarde, Mujer bayamesa, Retorna, Amargas verdades, El huracán y la palma, y muchas, muchas otras, han integrado el repertorio de los trovadores durante décadas.

Ya muy anciano, de guayabera y gruesos lentes, se atrevía a bromear sobre su vida, incluso a componer una canción a petición de una hermosa mujer. Fue genio y figura, como dice el refrán, hasta su misma muerte, y ya inmortal sus obras, sus anécdotas, su leyenda, continúan alimentando el imaginario nacional.

Por Eric Caraballoso Díaz (Radio Siboney)